Reportajes/efe
— La visión de la grafía M3 genera de inmediato en los amantes de los coches deportivos una asociación con las prestaciones deportivas más extremas y la conducción exigente si se desea ir más allá de la utilización turística.Esta ligazón con la conducción prestacional ha sido cultivada por BMW desde 1986, fecha de la aparición en el catálogo de la marca bávara del primer M3, el bisabuelo de este nueva entrega deportiva M3, que tendrá en la gama, además de la opción convertible, una ca- rrocería de cuatro puertas, cuyo antecedente hay que buscarlo en la segunda generación, en 1995, cuando el merca do recibió al M3 que fue conocido como E36.
Esta nueva generación, la cuarta, aporta grandes cambios a lo sabido hasta ahora del M3. Primero, un diseño más elegante, al tiempo que discreto, y, segundo, un compendio de prestaciones de auténtico bruto, ya que pasa del cantarín seis cilindros en línea de casi 350 caballos de potencia utilizado hasta ahora, a un motor V8 derivado del empleado en el equipo de Fórmula.
El M3 probado ahora, como los anteriores, procede de la carrocería Coupé, pero con modificaciones relevantes para contener sin esfuerzo la caballería deportiva.
La ingeniería de la división Mortorsport de BMW ha modificado la estructura reforzándola y aligerándola, ha acomodado el nuevo V8 y le ha creado dado una suspensión específica, graduable, que es capaz de dar un confort de marcha equiparable a las berlinas de lujo entre cuyas funciones principales está la comodidad de uso.
Esta nueva generación M3 pasa más desapercibida que la predecesora. Su diseño es más estilizado que el predecesor. Es específico coupé, mientras el anterior era un derivado casi idéntico a la carrocería de cuatro puertas.
El cambio fundamental del diseño se observa en la parte trasera, que retorna a las casi olvidadas formas suaves de generaciones anteriores de la Serie 3, sacrificadas en esta nueva etapa con líneas muy tensas y aristas pronunciadas, que han sido muy criticadas por los puristas de la marca.
La suavización de las formas no ha mermado la musculatura visual, creada con un ensanchamiento obligado de las vías para admitir las grandes dimensiones de las ruedas, los elementos aerodinámicos añadidos al diselo de las defensas delantera y trasera, y las cuatro salidas de escape.
Todo el conjunto hace de esta varian- te de la Serie 3 un coche casi de carreras que ha sido vestido de diario para salir a la calle, cuyo realce depende en gran medida del color de la carrocería.
Los diseñadores parecen haber puesto todo su esfuerzo en el exterior y han resuelto el interior sin grandes esfuerzos, porque nada hay en él o muy poco que le distinga del resto de la Serie 3.
Bajo el capó se concentra una clara inspiración en las carreras, ya que ahí se guarda un poderoso V8 derivado del utilizado en el equipo de Fórmula 1.
La tecnología racing lleva en volandas al M3 de nueva generación. Es ahora más rápido, a la vez que más fácil y dulce de conducción, lo que no ha de suponer un menosprecio al altísimo nivel de su antecesor, el seis cilindros.
La ingeniería de BMW aplicada a un coche con esencias deportivas es espectacular y se sitúa por encima de sus competidores, algunos con más potencia nominal, porque, a diferencia de ellos, en el desarrollo del M3 siempre es condición indispensable demostrar que el coche es apto para la competición. Bajo esta premisa es imbatible en la comparación con sus oponentes en el mercado.








